
Pasaron unos días desde el estreno de Star Trek XI y antes de escribir una palabra sobre la peli me parece importante aclarar desde qué lugar uno escribe, opina o critica. No llego a la categoría de "trekkie" pero sí soy un fan de la serie, particularmente de la Star Trek T.O.S. (The original series) que es la que veía cuando era chico y ya en colores en las viejas trasnoches del Kenia Sharp Club. Aclaro esto frente a todo tipo de comentarios que pude escuchar o leer desde el estreno. De aquellos que detestan Star Trek, su mitología, a los trekkies, etc. pero que aún así les gustó la película. Las de aquellos que por ser hiper fanáticos siempre encuentran algo que no encaja y no les gustó (los menos). Enfin, hay para todos los gustos. Lo que está claro, es que la película dirigida por J.J. Abrams (Lost, Misión Imposible III) tiene el mérito nada despreciable de haber conseguido revitalizar a Star Trek (y reconozcamos que necesitaba un poco de chapa y pintura!), logrando al mismo tiempo interesar a quien estaba lejos de este universo, a los que no tenían ni la más remota idea de quien es el señor de las orejas puntiagudas e incluso también a los seguidores de la serie original. No creo equivocarme si digo que sorprendió a todos. Confieso que cuando ví la película me quedé con la sensación de "wow, que bueno estuvo esto". Superó mis expectativas, algo que no es habitual cuando uno ve la película desde la nostalgia.

Por qué digo que Star Trek necesitaba un retoque? Porque pasaron 40 años desde la serie original. Las nuevas generaciones no conocen a los actores, ni las historias de la Federación, ni a los Klingons, ni a los Romulianos. Están más familiarizados con las teleseries espaciales como Battlestar Galáctica, por decir algo. Así que el Sr. Abrams hizo algo muy piola como para dejar contentos a los conocedores de la serie y a quienes no se sentian atraídos por subirse al Enterprise. Hizo una inteligente precuela, partiendo de la premisa de darle una vuelta de tuerca a los orígenes de la historia sin traicionar la esencia, el legado y el glamour de la historia creada por Gene Roddenberry. Repitiendo lo que es un cliché de la serie, Abrams fue a dónde ningún director y productor llegaron jamás.
Buena parte de la revitalización tiene que ver con el trabajo de dos guionistas en los que se apoyó Abrams: Alex Kurtzman, que tenía la ventaja de no estar inmerso en la cultura trekkie y Roberto Orci, un fanático que conocía todos los detalles. La combinación evidentemente funcionó; la historia primordial de cómo empezó todo, incluyendo la relación especial entre Kirk y Spock, tan especial que merece una reflexión particular de Nimoy para el festejo de todos sus fans (relación que en realidad también existió fuera del cine ya que por ej. Nimoy fue padrino de bodas de Shatner). En palabras de Kurtzman ”Era realmente fascinante pensar en el joven Spock, que está literalmente desgarrado entre el mundo humano y el vulcaniano y que, como cualquier niño, intenta imaginarse cómo puede encajar. Eso hace de él un personaje con el que es sumamente fácil identificarse. Era igualmente fascinante pensar en el joven Kirk, que creció siendo un rebelde, a lo James Dean, mientras buscaba su identidad. Cuando se conocen en la Academia de la Flota Estelar, no pueden ser más opuestos en el modo en que conciben la vida, pero también reaccionan a los parecidos que ven en el otro. Una gran parte de este viaje consiste en cómo aprenden a utilizar el uno lo mejor del otro para tomar decisiones de mando que harán que sobreviva la nave Enterprise y el propio universo”.

Los actores elegidos también fueron una parte fundamental en el éxito del proyecto. Una de las virtudes que hizo de Star Trek T.O.S. una serie de culto a lo largo de las últimas décadas fue la química que se producía entre los actores principales, las particularidades de cada personaje, su humor y su carisma. Hay opiniones encontradas respecto de la actuación de Chris Pine como el capitán Kirk. Yo me inclino decididamente a favor del trabajo que hizo Pine. Muestra todos los rasgos que inmortalizaron a William Shatner en ese rol: es una presencia cálida, intrépida y con carisma. Sin embargo, el que la tenía mucho más dificil era Zachary Quinto. No sólo tuvo que recrear a un mito como el Sr. Spock, sino que tuvo que enfrentarse cara a cara con el "verdadero" Spock, Leonard Nimoy! Y supera la prueba. Logra una excelente reacreación con algunos detalles que delatan una preparación minuciosa y cierta posible ayuda del mismísimo Nimoy. Los actores secundarios también cumplen su parte. Karl Urban es Leonard McCoy mientras que el resto de la tripulación se completa con el Simon Pegg (el entrañable, Montgomery “Scotty” Scott), Anton Yelchin (Pavel Chejov), Zoe Saldaña (Uhura) y John Cho (Hikaru Sulu). El villano de turno es Eric Bana, que aplica cierta gravedad teatral a su papel de Nero. Completan el elenco Ben Cross y Winona Ryder como los padres de nuestro vulcano favorito.
La película cuenta con excelentes efectos, cortesía de la empresa de George Lucas, que le dan espectacularidad y complementan en la factura técnica los aciertos ya mencionados y la fotografía de Dan Mindel. Mindel es uno de los responsables de haber elegido pantalla ancha anamórfica, lo que sin dudas ayuda a generar esa sensación de anchura y expansión como si estuviésemos en el mismo espacio. Pero a diferencia de la Star Trek original, la película encandila no solo porque la cámara pasa repetidas veces por una fuente de luz generando destellos casi psicodélicos; la cámara no para nunca, lo que constituye uno de los toques del director y que ayuda a sostener esta verdadera historia de aventuras que bajo ningún concepto hay que perderse.