FICHA DE LA PELICULA

Título Original: The Hustler
Dirección: Robert Rossen
Origen: USA
Año: 1961
Duración: 134 min.
Guión: Sidney Carroll/R.Rossen
Música: Kenyon Hopkins
Intérpretes:
Paul Newman (Eddie "Fast" Felson)
Piper Laurie (Sarah Packard)
Jackie Gleason (Minnesota Fats)
George C. Scott (Bert Gordon)
Myron Mc Cormick (Charlie Burns)
Murray Hamilton (Findley)
Michael Constantine (Big John)
SINOPSIS
En esta magnífica película, Paul Newman es el arrogante y amoral buscavidas conocido como Eddie “Fast” Felson, un papel que retomaría 25 años más tarde de la mano de Martin Scorsese en “El Color del Dinero”. Eddie frecuenta salas de pool, dejando con las manos vacías a todo el que se atreve a desafiarlo con el taco. Decidido a ser el mejor de todos, Eddie se encuentra con dos legendarios jugadores, interpretados por Jackie Gleason y George C. Scott. Derrotado en su autoestima, el amor de una mujer solitaria (Laurie) podría ayudarlo, pero no podrá descansar hasta probar que es el mejor jugador.
ANALISIS
“El Buscavidas” es una película sobre ganadores y perdedores. Y el escenario de batalla que elige el director Robert Rossen, realizador de “Todos los hombres del Rey” (All the King’s Men, 1949) es el de una mesa de pool. Rossen, un guionista de los ’40 que primero rechazó el “dar nombres” en la caza de brujas del senador McCarthy, más tarde cambió de idea, se reconoció comunista y denunció a 57 personas de la industria cinematográfica. Ese es el precio que estuvo dispuesto a pagar para seguir trabajando. Una sombra de ese precio este posiblemente presente en los compromisos que se le piden al protagonista en la película, quien de alguna manera vende su alma antes del tardío arrepentimiento final.

No es habitual que un film se meta en el brumoso mundo nocturno de apostadores, estafadores, alcohólicos, pequeños matones, tipos listos y todo el zoológico de almas perdidas con la profundidad que refleja “El Buscavidas”. Aunque no esté a la misma altura hay una buena película con un tema similar: ”The Cincinnati Kid” (1965) de Norman Jewison con Steve MacQuenn, Edward G. Robinson y Karl Malden, aunque aquí el juego no sería el pool sino el poker. Una de las diferencias es que mientras en la película de Jewison es recomendable tener alguna idea del poker para seguir la acción, en “El Buscavidas” ni nos vamos a dar cuenta que no sabemos jugar al pool.
Rossen, que era un hábil director de actores, saca lo mejor de Paul Newman en un papel algo cínico, el de un estafador al que no parece importarle nada, pero con cierta frescura y carisma. Es el perfil del antihéroe que interpretará en varias películas durante el resto de los sesenta.
En este film, Newman es “Fast” Eddie Felson, un fantástico jugador de pool que, en yunta con su amigo Charlie (Myron McCormick), recorren bares de mala muerte para “ganar” el dinero apostado contra ellos, simulando borracheras y mal juego para al final mostrar su verdadero talento.
Pero al “Fast” Eddie de Newman eso no le alcanza y para demostrar que es el mejor buscará el enfrentamiento con el imbatible Gordo de Minnesota, interpretado por un soberbio Jackie Gleason, un actor que alcanzó la fama principalmente en la TV americana pero que, tal vez algún lector, haya visto en el film “Réquiem para un boxeador” junto a Anthony Quinn.

El primer enfrentamiento entre Newman y Gleason ocupa casi 15 minutos!! Alguien se atrevería a hacer algo así en las videoclipizadas películas de hoy? Lo dudo. Haría falta la calidad de montaje del gran Dede Allen (quien luego haría otro trabajo magistral con “Bonnie and Clyde”). Lo que consigue este gran maestro del montaje es admirable: el tiempo vuela mientras observamos las miradas, los jugadores “caminando” la mesa, los rostros en trance, tacos, bolas en las troneras…
Durante este juego aparece el manager que banca a Gleason, un apostador interpretado por George C. Scott, un villano maquiavélico. Estudia con su mirada todo lo que tiene a su alrededor. Es un hombre calculador, sin escrúpulos pero que conoce el paño. Después de muchas horas de juego y cuando Newman viene ganando partido tras partido, Scott dispara su contundente “loser” (perdedor) animando a Gleason a que continúe el desafío. Es un momento importante del film, porque Newman continúa jugando hasta perder todo su dinero. De la gloria a la derrota, Newman toca fondo y deja a su compañero para deambular borracho por los bares que siguen abiertos, como el de las estaciones de bus donde se topará con el cuarto personaje principal de esta historia, la solitaria Sarah (Piper Laurie en el mejor papel de su carrera). Es el encuentro de dos almas perdidas, una mujer renga que ahoga la frustración de una vida vacía en el whisky (en uno de los bares, el barman es Jack LaMotta, el verdadero “toro salvaje” inmortalizado por Robert De Niro en la película de Scorsese).

Rossen nos muestra a varios rengos en la película. Además de Piper Laurie está el chico negro que vemos cojear en la sala de pool, al comienzo de la película. Pero hay otros “rengos”. Scott es un rengo, un jorobado más bien carente de humanidad. Y Newman también es un rengo a su modo, en su falta de carácter, algo que va a terminar pagando demasiado caro.
Tanto Sarah como Eddie buscan consuelo mutuo, siendo egoístas el uno con el otro con sus sentimientos, pero se va iniciando una historia de amor. Al principio sólo comparten sexo y borracheras pero llega una escena de picnic dónde él se abre totalmente a ella por primera vez. Le cuenta cómo le molesta el “loser” que le mandó Scott, lo que siente cuando juega, cuando gana y lo importante que es para él demostrar ser el mejor. Hay pasión en Newman. Y ella, pobre Laurie tiene que abrirse también a ese hombre y le dice algo que por ahí él no está preparado a escuchar, no en ese momento. Ella lo ama y se lo dice. El todavía no parece estar listo.
Pensando en la revancha contra el Gordo de Minesotta, Eddie tiene que sobrevivir y al mismo tiempo juntar dinero para el desafío. Ahí aparece otra vez en acción el magnífico George C. Scott. Como una serpiente adula su talento y lo tienta. El puede hacerle ganar mucho dinero mostrándole el camino para dejar el “estigma del perdedor” que no es otra cosa que convertirse en un hijo de perra frío y despiadado al que solo le importe el resultado del juego. Nada más. Scott insiste: lo que hizo que Newman perdiera con el Gordo de Minnesota no tuvo que ver con falta de talento o con que el otro jugara mejor. No, tuvo que ver con el temperamento, algo que a Newman, preso de sus propios infiernos, le falta y al otro le sobra. Esa vez no se van a poner de acuerdo. La tarifa de Scott es demasiado alta y Newman prefiere seguir por las suyas aunque eso implique arriesgar su integridad física por los bares de la ciudad. Le va mal y sólo puede recurrir a su amante.
Cuando Scott quiere llevarse a Newman a Louisville para un match con un millonario aficionado al juego (Murray Hamilton, que trascendió unos años después como el famoso Mr.Robinson en “El Graduado”), este no puede abandonar a Laurie y se la lleva con él.
Cuando la ve, Scott adivina en ella a un rival, alguien que puede interponerse en su deseo de tener un control absoluto sobre “su” jugador. Entonces la destruye sin piedad en pocos días. Sabiendo que Newman ya está recuperado de la quebradura de sus pulgares, dice durante el viaje “odiaría pensar que estoy poniendo mi dinero en manos de un inválido”, una frase dirigida a la mujer. Y cuando ella está borracha, deambulando en una fiesta a la que nunca debió ir, Scott se acerca y susurra alguna crueldad en sus oídos, provocando su colapso. Después de la fiesta viene el match con el millonario. Como Newman va perdiendo Scott no quiere bancar más apuestas. Otra vez la palabra: “perdedor”. Newman le ruega que lo banque ante la mirada de Laurie. Ella no puede ver que su hombre esté vendiendo su alma. Cuando le dice a Newman que son hombres pervertidos, retorcidos y lisiados, trata de salvarlo y de salvarse. Newman no la escucha, quiere demostrar que no es un “perdedor”. Gana el match pero lo pierde todo.

Scott se adelanta a Newman y al volver al hotel se encuentra con Laurie. Sabe que ella se irá pero quiere tenerla antes de deshacerse de ella. Con una vida vacía y creyéndose abandonada, Laurie se humilla antes de suicidarse. Momentos antes usa un lápiz de labios para escribir en el baño las palabras “pervertido”, “retorcido”, “lisiado”. Están dirigidas a Scott pero también a Newman. Su tragedia será la salvación del hombre que ama.
Corte luego del grito desgarrador de Newman. Pasa algún tiempo y este vuelve al salón de pool donde se encuentra al Gordo de Minnesota. Lo derrota por completo. Newman maduró, ganó temperamento pero a un costo inmenso. Scott se encuentra en la sala y pretende recibir su comisión. Newman no va a pagar. Sólo le importa el haber perdido a la mujer que amaba. Se lo dice a Scott al que sólo le importa el dinero pero accede a cambio de que se retire del juego. Finalmente Newman puede expresar lo que nunca le pudo decir a Laurie. Es la redención de “Fast” Eddie? Algo así, pero no hay final feliz.
En definitiva, el film no es acerca del duelo entre Fast Eddie y el Gordo de Minnesota sino acerca de la relación amorosa que Eddie establece con Sarah y sus impulsos autodestructivos.
La textura de cada personaje, la riqueza y la performance de las actuaciones de Newman, Gleason, Scott y Laurie (todos nominados al Oscar) hace que la película tenga varias dimensiones, dandole una notable profundidad.
Newman tiene ese carisma y atractivo que seduce al espectador y que al mismo tiempo nos oculta una profunda oscuridad de carácter. Alguien muy convencido de sus virtudes, creyéndose por momentos invencible con un aire de frescura que produce cierta compasión en sus adversarios, como el Gordo de Minnesota. Newman no sólo nos ofrece esas características interpretativas, además se mueve como pez en el agua por todo el metraje de la película haciendo que parezca sencilla su actuación, justamente nominada para un Oscar que, en otra injusticia más de la Academia, no ganó (lo ganaría con el mismo personaje un cuarto de siglo más tarde por “El Color del Dinero” de Martin Scorsese, una película inferior).
Y tenemos a Jackie Gleason, el Gordo de Minnesota. En Gleason tenemos su lenguaje corporal, su rostro entre triste y melancólico, la manera precisa en que recorre la mesa de pool. Da la impresión de un hombre que está de vuelta de todo, de los apostadores, de los que lo desafían y que, purificado por el pool, simplemente juega. El ya no vive del engaño, vive elegantemente de ser el mejor. Al final del film, se mantiene prescindente de la disputa entre Newman y Scott… solo se dedica a jugar, posiblemente sabiendo que ese tipo de situaciones ya las ha vivido demasiadas veces y que forman parte del código de ese mundo en el que se mueve. Lo que es interesante es que mientras Scott tiene un montón de dialogo y Gleason sólo un par de bocadillos, ambos tienen una presencia que llenan la pantalla.
Lejos ya de las actuaciones, una de las partes más brillantes de «El Buscavidas» es su fotografía, donde hay una interacción entre luz y oscuridad impresionante, creada por Eugene Schufftan, que ganó el Oscar por su labor. Aunque en 1961 ya existía el color, la película no hubiera funcionado igual, ya que esa sutileza en la utilización del blanco y negro define excelentemente a los personajes, lo envuelve todo en algo sombrío y lleno de sombras. La dirección de Robert Rossen es magnífica en todo momento, manejando las elipsis temporales de las partidas de pool con un reloj que gira y gira, añadiendo un montaje sucesivo de escenas entre la disputa de Eddie y el Gordo de Minnesota. Rossen no desvía en ningún momento el eje central de argumento y a pesar de ser un drama, mantiene un ritmo que engancha al espectador, haciendo que los diálogos sean fluidos. Este fue posiblemente su mejor trabajo.

Un detalle interesante de la película es que las jugadas realizadas en los juegos de pool son ejecutadas por Newman y por Gleason. En el caso de Newman, tuvo un entrenamiento de tres semanas con el multiple campeón Willie Mosconi ya que no sabía nada del juego (en el film hay sólo una jugada que es de Mosconi). En cambio, Gleason no necesitó entrenamiento. Era un consumado jugador de pool y según dicen, en su juventud un verdadero “hustler”.
Javier Conigliaro

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